Lo que una colmena enseña sobre política: el enjambre comunicacional de Camilo López
En una campaña política se diseñan estrategias, se prueban lemas y se invierte dinero tratando de averiguar qué mensaje conseguirá conectar con los ciudadanos. Camilo López, conocido en X como @clopezgps, propone mirar el problema desde otro lugar: una colmena. El estratega digital y fundador de Good People Studio utiliza el comportamiento colectivo de las abejas para explicar su concepto de «enjambre comunicacional», un modelo que plantea que el mensaje con mayor capacidad de propagación no siempre es el que alguien decide desde arriba, sino el que termina siendo adoptado por el propio grupo.
La comparación tiene una base biológica. El investigador Thomas Seeley dedicó décadas a estudiar cómo los enjambres de abejas toman una decisión especialmente importante: elegir dónde instalar una nueva colonia. Cuando llega ese momento, la reina no selecciona el destino. Son determinadas abejas exploradoras las que buscan posibles ubicaciones y, al regresar, comunican sus hallazgos mediante movimientos que permiten transmitir al resto del grupo la calidad de cada alternativa.
Las demás pueden comprobar esas opciones y sumarse progresivamente a una de ellas. Cuando el apoyo alcanza un determinado nivel, el enjambre actúa colectivamente y se desplaza hacia el nuevo emplazamiento.
De la colmena a las redes sociales
López traslada este funcionamiento al actual ecosistema de comunicación, donde ya no existe un único emisor capaz de controlar completamente una conversación.
Un candidato puede pronunciar un discurso, un partido lanzar una campaña y una empresa presentar un producto, pero alrededor de ese mensaje intervienen medios, creadores de contenido, simpatizantes, detractores, comunidades digitales, algoritmos e incluso sistemas automatizados.
En su modelo, el candidato, la institución o la marca ocupan una posición similar a la reina: continúan siendo el centro alrededor del cual se organiza el sistema, pero no pueden determinar por sí solos qué idea terminará imponiéndose.
Los mensajes actúan como exploradoras. Salen al espacio público, compiten entre sí y generan diferentes niveles de atención. Algunos desaparecen rápidamente. Otros comienzan a repetirse, reinterpretarse y circular entre personas que originalmente ni siquiera estaban relacionadas con quien los lanzó.
Ahí aparece lo que López denomina adopción: el momento en el que una idea deja de pertenecer únicamente al emisor y empieza a ser utilizada espontáneamente por otras personas.
Probar antes de apostar todos los recursos
Esta forma de entender la comunicación modifica también el trabajo estratégico. En lugar de seleccionar desde el principio una única idea y concentrar en ella todo el presupuesto, el modelo propone probar diferentes mensajes, observar su evolución y destinar después más recursos a aquellos que demuestran capacidad real de adopción.
El sistema no mide únicamente alcance o interacciones. Un mensaje puede acumular miles de «me gusta» sin provocar ningún comportamiento relevante. Por eso resulta necesario establecer previamente qué señal indicará que una propuesta está funcionando.
Puede ser una conversación, un registro, una movilización, una consulta o cualquier otra acción relacionada con el objetivo de la campaña. López denomina a ese punto «umbral de adopción».
La lógica se aplica también a distintas fases. La conversación pública cambia y lo que funciona meses antes de unas elecciones puede perder eficacia cuando comienza la campaña o durante sus últimos días. El sistema debe volver a explorar y seleccionar mensajes.
La actividad pública de López, también presente en Instagram como @lopezcamilook, refleja esta intersección entre estrategia digital, campañas, marcas y cultura de Internet.
Una metáfora con un límite importante
La comparación con las abejas contiene además una advertencia poco cómoda para la industria de la comunicación.
Un enjambre puede comparar diferentes emplazamientos, pero si ninguna exploradora encuentra un lugar adecuado, aumentar la intensidad de los bailes no solucionará el problema. Trasladado a una campaña, significa que no todo puede corregirse mediante publicidad, contenido o inversión.
Si después de diferentes pruebas ninguna propuesta consigue ser adoptada, quizá el problema no sea cómo se está comunicando, sino aquello que se pretende comunicar.
El modelo tampoco determina que el mensaje más difundido sea necesariamente verdadero, conveniente o éticamente aceptable. Describe un mecanismo de selección social, no un criterio de calidad. La responsabilidad sobre qué ideas se ponen en circulación continúa correspondiendo a quienes diseñan una estrategia.
La lección de la colmena es, en ese sentido, menos romántica de lo que parece. En los sistemas formados por miles de individuos, controlar cada movimiento resulta imposible. Lo que sí puede hacerse es observar, experimentar y aprender del comportamiento colectivo.
De ahí una de las ideas con las que López sintetiza su propuesta: «El mensaje ganador no se planifica: se descubre».