La cuenca del Ebro cierra 2025 con reservas en descenso y sequía histórica
El año hidrológico 2025/2026 en la cuenca del Ebro finalizó con reservas de agua significativamente por debajo del promedio, reflejando un año marcado por extremos hidrológicos y condiciones de sequía severa. La cantidad total de agua embalsada en las principales instalaciones se sitúa en torno a 4.047,2 hm3, lo que representa una disminución respecto a la media del último año y evidencia la persistente escasez. La precipitación media fue de 540 litros por metro cuadrado, un 7% menor que la media de los últimos veinte años, con meses críticos en cuanto a pluviometría, especialmente en verano, que registró temperaturas extremadamente altas y precipitaciones mínimas.
Este escenario tiene su trasfondo en una planificación hídrica que busca adaptar la gestión del agua a los cambios climáticos y a las recientes modificaciones en la normativa europea, como la actualización de la Directiva Marco del Agua. La falta de lluvias durante el otoño y el verano, junto con temperaturas récord, ha puesto en evidencia la necesidad de reforzar las infraestructuras y de implementar políticas que aseguren la sostenibilidad de los recursos en un contexto de riesgo creciente. La situación también ha impulsado decisiones políticas en torno a la gestión de nuevos proyectos y la protección de los sistemas existentes, en un marco de continuidad y adaptación normativa.
El descenso en reservas afecta directamente a sectores estratégicos como el agrícola, industrial y urbano, que dependen de recursos hídricos seguros y sostenibles. La CHE ha destacado avances en la recuperación de algunos embalses, como Guiamets y el Bajo Ebro, pero la tendencia general sigue siendo preocupante. La aprobación del Plan Especial de Sequías y los esfuerzos por mejorar la gestión de riesgos se presentan como medidas clave para afrontar futuros episodios de escasez. La planificación futura contempla también la incorporación de tecnologías digitales y de inteligencia artificial para optimizar el control y la distribución del agua.
El debate social en torno a la gestión del agua se ha intensificado, especialmente ante la posible puesta en marcha de proyectos relacionados con centros de datos y plantas de hidrógeno verde, que demandan consumos elevados. La comunidad autónoma ha avanzado en la regulación y evaluación de estos usos, que podrían suponer un incremento en la presión sobre los recursos. La integración de estos proyectos en la planificación hidrológica será determinante para equilibrar necesidades económicas y conservación ambiental.
En un horizonte más amplio, el contexto climático y político apunta a una gestión hídrica más adaptada y resiliente. La tendencia hacia un cambio climático que intensifica las sequías y las olas de calor obliga a fortalecer las infraestructuras, mejorar la eficiencia en su uso y fomentar políticas de conservación. La comunidad del Ebro deberá afrontar estos desafíos con una estrategia que garantice la sostenibilidad de sus recursos en los años venideros, en un escenario donde la cooperación y la innovación serán clave.