Restauración del manto de la Virgen del Pilar: dos meses de dedicación tras el legado del general Palafox.
En Zaragoza, el 26 de marzo, un equipo de expertos de la Real Fábrica de Tapices ha revitalizado un manto de la Virgen del Pilar, que desde 1947 ha sido custodiado por la Academia General Militar. Este manto tiene una rica historia, ya que fue resguardado por el general Palafox durante los asedios franceses de la Guerra de la Independencia en la capital aragonesa.
El proceso de restauración, que se extendió a lo largo de dos meses, incluyó un minucioso análisis del estado de la pieza, siguiendo los rigurosos estándares europeos de conservación que anteponen la reversibilidad y la preservación, tal como explica Sara Blanchart, la coordinadora de la restauración de la Real Fábrica de Tapices.
A pesar de las buenas intenciones de Palafox de proteger todo lo relacionado con el Pilar debido a su importancia simbólica, los asedios napoleónicos afectaron la atención a este valioso manto, que ha sufrido los estragos del tiempo y de intervenciones anteriores que, aunque deseosas de preservar, resultaron perjudiciales, según informan los especialistas de la RFT, que fue establecida en 1721 por Felipe V para producir tapices y alfombras de lujo para la realeza.
Al llegar a Madrid, el manto mostraba un estado de deterioro significativo, con suciedad generalizada, manchas, pérdida de tejido, rasgaduras y descosidos en su estructura decorativa. Además, el tejido estaba deshidratado y presentaba deformaciones, agravadas por un montaje inadecuado.
El deterioro, según Blanchart, es común en los terciopelos, que tienden a descomponerse con el tiempo, la manipulación y la naturaleza misma de la seda, con zonas donde el tejido simplemente se había deshecho y el bordado se encontraba en mal estado.
Asimismo, el manto sufrió una notable pérdida de hilo metálico, dejando expuesta la base de hilo textil, que típicamente es de algodón o seda, siendo esta técnica conocida como entorchado. A lo largo del tiempo, muchas de estas partes se fragmentan y caen, contribuyendo al deterioro general de la pieza.
Una evaluación precisa de estos daños requiere un análisis exhaustivo, que incluye una inspección física: "Generalmente, visitamos las piezas o trabajamos con fotografías. En este caso, la evaluación directa fue claramente más efectiva", indica Blanchart, quien señala el uso de herramientas específicas como un lápiz óptico para determinar el estado del tejido frente a posibles plagas.
El análisis también se complementa con "cartografías de deterioros", que son registros fotográficos que identifican los distintos puntos de daño en la pieza, permitiendo la elaboración de un informe y estimaciones para la restauración, aunque el costo permanece confidencial por respeto al cliente.
Dada la delicadeza del estado del manto, el equipo de la RFT propuso un plan de intervención destinado a detener el deterioro y estabilizar la pieza mediante tratamientos de conservación específicos que asegurarán su protección en el futuro.
La responsable de esta loable tarea ha sido Beatriz Hernández Gómez, quien ha realizado un trabajo meticuloso dividido en varias fases, comenzando con una limpieza que elimina la suciedad superficial y continuando con la corrección de deformaciones mediante la alineación correcta del tejido.
Los restauradores de la RFT son conscientes de que muchas piezas históricas han sufrido reparaciones a lo largo de los años, algunos de ellos realizados por manos inexpertas que, en su intento de preservar, han causado más daño al material original. Este tipo de reparaciones, aunque bien intencionadas, pueden quebrantar la integridad de la pieza original.
Blanchart expresa preocupación por el intrusismo en el campo de la restauración, alertando sobre aquellos que, sin la debida formación, intentan restaurar piezas de arte, lo que podría resultar en daños irreparables. "Nuestra pericia y los estándares de conservación existen por una razón, y es vital que preservemos nuestro patrimonio", insiste.
Para formar parte del equipo de restauración, se requiere una sólida formación: además de la titulación en restauración, se valora la experiencia previa y la educación especializada, como la que se ofrece en la Escuela de Palencia o en cursos del Instituto de Patrimonio en Albarracín.
Sin embargo, Blanchart también tiene un corazón amable hacia los esfuerzos pasados de quienes, sin los conocimientos actuales, intentaron hacer reparaciones. "Era la manera de conservar lo que se tenía en aquella época, y gracias a esas intervenciones muchas piezas nos han llegado", reflexiona, reconociendo la intención detrás de aquellos esfuerzos por preservar el patrimonio.
Finalmente, la intervención de la Real Fábrica de Tapices no solo incluye la consolidación estructural del manto, sino que también se ha desarrollado un sistema de soporte específico, garantizando que la exhibición de esta valiosa pieza no comprometa su conservación a largo plazo.