Qué hay detrás de la muestra que recupera el grabado de María Cruz Sarvisé en Fuendetodos
Fuendetodos reúne 82 grabados de María Cruz Sarvisé hasta el 31 de diciembre, en una muestra que reivindica la obra gráfica femenina aragonesa.
La sala Ignacio Zuloaga de Fuendetodos acoge desde el 28 de octubre una exposición con 82 estampas originales de María Cruz Sarvisé (1923-2023), una de las artistas aragonesas más relevantes del siglo XX. La muestra, que permanecerá abierta hasta el 31 de diciembre, reúne prácticamente toda su obra gráfica, hasta ahora poco difundida.
La iniciativa forma parte de la programación del Consorcio Cultural Goya-Fuendetodos, que desde hace tiempo apuesta por dar visibilidad a las mujeres creadoras. La Diputación Provincial de Zaragoza impulsa esta línea, que busca corregir el desequilibrio histórico en el reconocimiento de pintoras, grabadoras y escultoras en los circuitos oficiales del arte.
Sarvisé no solo diseñaba sus planchas: las estampaba personalmente en el tórculo de su taller de Huesca. Esa autonomía técnica explica en buena medida la singularidad de su producción. Las técnicas del aguafuerte y la aguatinta, dominadas por la artista, permiten gradaciones tonales que recuerdan a la acuarela, según los responsables de la muestra.
El contexto biográfico también resulta significativo. Sarvisé fue una de las primeras mujeres de su entorno en formarse en Bellas Artes fuera de Aragón, en una época en la que las barreras sociales para las mujeres eran considerables. Tras su formación en la Llotja de Barcelona y su contacto con corrientes europeas, compaginó la creación con la docencia en centros de Sabiñánigo, Zaragoza y Huesca.
Su labor pedagógica, que incluyó una academia de dibujo del natural con modelo vivo en Huesca, refuerza la idea de que el dibujo era para ella la base de cualquier lenguaje visual. Esa concepción pedagógica conecta con el enfoque de la exposición, que pone en relación la creación con la enseñanza.
Más allá de la muestra, el caso de Sarvisé ilustra un problema más amplio: la escasa presencia de las mujeres en la historia oficial del grabado aragonés. Recuperar su obra supone revisar los criterios con los que se han construido los relatos artísticos regionales y reclamar un lugar para las creadoras que trabajaron con discreción.
La académica de San Luis, a la que ingresó en 1996 y que le concedió su Medalla de Oro poco antes de morir a los 100 años, deja así un legado que la exposición intenta reivindicar. Queda por ver si esta recuperación tendrá continuidad en catálogos, estudios o nuevas adquisiciones que consoliden su lugar en la historia del arte aragonés.