El incendio en Riglos mantiene en alerta a las autoridades y amenaza San Juan de la Peña
El incendio declarado en Las Peñas de Riglos, en Huesca, ha alcanzado ya unas 5.700 hectáreas. La situación continúa siendo crítica, con la amenaza de que las llamas puedan llegar al entorno protegido del Monasterio de San Juan de la Peña. La noche ha sido especialmente complicada para los equipos de extinción, que trabajan sin descanso para contener el fuego.
El operativo cuenta con la participación de 30 medios aéreos de distintas comunidades autónomas y del Ministerio para coordinar esfuerzos y reforzar las líneas de defensa. La preocupación principal reside en la cabeza del incendio, que ha provocado confinamientos y que aún presenta un avance rápido en algunas zonas. La extensión del perímetro alcanza los 58 kilómetros, dificultando las tareas de contención.
El impacto en el patrimonio natural y cultural es un factor clave en la gestión del incendio. El Gobierno de Aragón ha activado la Situación Operativa Nivel 2 y movilizado la Unidad Militar de Emergencias (UME). La prioridad es proteger el espacio protegido y evitar que las llamas alcancen el Monasterio, símbolo del patrimonio aragonés.
Las condiciones meteorológicas, con altas temperaturas y viento del sur, complican aún más las labores de extinción. Se prevé que las temperaturas máximas puedan alcanzar los 37 grados en zonas cercanas a la cordillera, mientras se espera una bajada de temperaturas durante el fin de semana que facilite las tareas.
El impacto en la movilidad es significativo, con varias carreteras cortadas y cerca de 600 personas evacuadas. La situación se mantiene bajo vigilancia, con una posible expansión de los desalojos si la evolución del incendio lo requiere. Los efectivos trabajan en consolidar los perímetros más vulnerables ante la amenaza de que el fuego pueda avanzar hacia núcleos habitados y áreas protegidas.
Este incendio refleja la vulnerabilidad del territorio ante los efectos del cambio climático y las altas temperaturas que se registran en la región. La gestión de estos eventos requiere una coordinación eficaz entre administraciones y una planificación a largo plazo para reducir riesgos futuros.