• domingo 25 de septiembre del 2022
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La Ruta del Hielo revela la tradición preindustrial de las neveras de la Comarca Campo de Belchite

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BELCHITE (ZARAGOZA), 15 Ago.

La Comarca Campo de Belchite almacena un variado y rico patrimonio etnológico, que ha subsistido al paso del tiempo, y resalta la relevancia del hielo y la nieve en épocas pasadas. Se trata de neveras o neveros que, todavía de pie, o sostienen su composición primitiva, o fueron objeto de rehabilitaciones contemporáneas, renovando de esta forma los concretes auténticos y permitiendo su visita.

Estas neveras son pozos, comunmente cubiertos de ladrillo o piedra sillar, con bóvedas de manera cónica y múltiples vanos para hacer más simple la carga de nieve y su salida o evacuación. Las que llegaron a nuestros días estuvieron en activo hasta el siglo XIX, en el momento en que formas mucho más modernas de conseguir hielo desplazaron su empleo.

Sus inconfundibles figuras señalan el territorio como fabulosos exponentes de la arquitectura habitual aragonesa y forman una ruta circular que recorre cinco ayuntamientos de la comarca: Lécera, Belchite, Moyuela, Azuara y Fuendetodos.

En 2021, el frigorífico de Moyuela, Azuara y Culroya, en Fuendetodos, fueron declaradas Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Aragón, en la declaración conjunta de 'Neveras y Pozos de Hielo en Aragón'. Esta Ruta del Hielo construída por la Comarca Campo de Belchite ofrece recorrer el territorio conociendo de primera mano estas singulares infraestructuras.

Muchas de estas creaciones se ubican cerca de ríos o acantilado, como el frigorífico de Belchite, localizada en una terraza que asoma al río Aguasvivas. Es allí, al sur del pueblo viejo, donde
empieza esta Ruta del Hielo. Esta nevera pertence a los ejemplares mucho más impresionantes por sus dimensiones y su factura, lo que prueba la relevancia que tuvo Belchite otrora, singularmente en la Edad Media.

El ayuntamiento de Lécera llegó a tener tres neveros. La que mejor preservada llegó hasta este día es el frigorífico del Val, que se ubica al sur del casco urbano. Por fachada y medidas --tiene 6 metros de hondura y 4,5 de diámetro en su anchura-- representa el modelo propio de las neveras de la comarca.

El siguiente paso de la ruta circular es el frigorífico de Moyuela, un pueblo ubicado a 700 metros de altitud, una cota a la que en siglos pasados nevaba habitualmente. Esta composición deja ver las especificaciones arquitectónicas mucho más propias de las neveras: la cúpula cónica con un sistema de aproximación de hiladas.

Continuando con la ruta circular, hacia el norte, se puede observar el frigorífico de Azuara, una construcción atípica en sus des. Es mucho más profunda y angosta que otras de la ruta, y con una singular bóveda llevada a cabo a través de encofrado con tablillas, una técnica que asimismo se utiliza en otras creaciones populares de la región, como las bodegas.

La ruta de las neveras acaba en Fuendetodos, donde están 2 ejemplares de neverías visitables. La nevera del Calvario es una nevera periurbana de las múltiples que tuvo Fuendetodos, localizada al oeste, en la parte mucho más alta del núcleo urbano, y muy próxima al castillo popular como la "Obra de los Moriscos" que asimismo aloja vestigios de un nevero.

Y al sur del núcleo urbano de la ciudad natal de Goya, se encuentra el frigorífico de la Culroya, entre las mucho más simbólicas de Aragón y único ejemplar preservado íntegramente de los mucho más de veinte que llegó a tener el concejo. Se caracteriza por su peculiar forma de huevo, muy esbelta, y por su factoría en piedra caracoleña.

Las ciudades de Mesopotamia ahora inventaron sistemas para tener este recurso en las ubicaciones yermas, como los yakhchal, construidos por los persas hace mucho más de 2 mil años, y que guardan similitudes con las neveras que ya están hoy en dia.

Estas primitivas neveras se fueron propagando desde Próximo Oriente hacia el Mediterráneo y la civilización tradicional de helenos y romanos. Aunque se extendieron geográficamente, desde hace tiempo el
hielo prosiguió siendo un factor de mucho lujo designado a las clases acomodados.

Tras la caída del Imperio Romano, las referencias a la utilización del hielo son muy pocas en el planeta occidental, no de este modo en el planeta árabe, donde hay novedades de la continuidad de esta tradición.

A partir de la segunda mitad del siglo XVI y todo el siglo XVII, la nieve y el hielo se utilizaban con fines terapéuticos, para empleo gastronómico y en la conservación de alimentos. En el ámbito de la medicina, el hielo se empleaba como antipirético, para el régimen de fiebres; antihemorrágico; analgésico o calmante de distintos dolores; antiinflamatorio, para el régimen de traumatismos o quemaduras; y anestésico, eminentemente en intervenciones quirúrgicas.

La producción de hielo en el ámbito gastronómico se destinaba para enfriar alimentos, singularmente bebidas, siendo en esta época en el momento en que se popularizan los helados, los sorbetes, las horchatas o la limonada. Por último, tanto la nieve como el hielo se empleaban como conservantes de alimentos, y eran indispensables para lograr transportar carne, pescado o fruta fría sin que se estropease por el sendero.

Este sistema de preservación de artículos de primera necesidad favoreció las sendas comerciales de artículos como el pescado, de las ubicaciones de costa hacia el interior.

A partir del siglo XIX, con la llegada de otras técnicas, la industria del hielo entra en ocaso, instante en el que estos inmuebles caen en desuso y se abandonan. El expolio de la piedra, su empleo como muladares o basureros recurrentes sentenciaron la vida de estas construcciones, llegando ciertas al estado de ruina, hasta el momento en que en ámbas últimas décadas ciertas de ellas se han recuperado o restaurado.

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